domingo 12 de agosto de 2007

Lugar de nadie

Mientras Atlas resiste el peso del mundo, una habitación sin muebles en un departamento sin gente late el vacío vedado. Un ambiente que seguro fue lugar de cama y lámpara se descubre con el último sol de la tarde. La pared opuesta a la ventana está empapelada con flores ya desteñidas y hojas borradas. La mano que golpea la superficie no puede responder más allá del sonido sordo que provoca.

Un tabique con papel cubre la pared a lo largo y ancho. Por la ventana se puede ver que el departamento termina ahí donde la mano golpea y recibe vacío. Hay un hueco presumido al otro lado que burla la razón. La fantasía sale al galope y de la oscuridad se descubren polvos blancos de narcotraficantes bigotudos. Tal vez, se esconde sólo una mancha enorme de humedad. También, un esqueleto sin carne ni nombre habla en el anónimo.

La frase sonó incorrecta; despojada de adjetivos poéticos y heroísmo civil. Con sus ojos de piel curtida, denunció la imagen detenida en rojo semáforo fuera del colectivo. -Pobre, debe tener frío.- Señaló en la calle a un viejo que habitaba en la intemperie de la facultad de medicina.

La oración planeó en el aire como pluma con tierra. Unos ojos en el asiento individual buscaron quien las juntase. ¿Quién recogería esas palabras?

El espacio que se presiente tras el tabique es un sin-sentido irreverente. No existen agujeros ni ranuras. Los ojos sólo ven un motivo de flores con hojas desdibujadas.

Mientras Atlas nos mantiene en pie, el hueco en una habitación despoblada se llenará de frases huérfanas dichas con llagas al sol. Será el día en que el empapelado se rinda por viejo y en un orificio del tabique se escuchen suspiros ignorados.
Andru