domingo 9 de diciembre de 2007

Diciembre

Diciembre y sus arbolitos, guirnaldas cargadas de lágrimas, juramentos rotos y nuevos. Las ganas de que estés. Los cartelitos en idiomas que alguien entiende y esa pieza del pesebre que llena la ausencia de los abuelos. El ¡cómo pasa el tiempo! en las esquinas. Me imagino las agujas de minutos sobrevolándonos hasta este hoy. Pero en algún lugar una puerta se abrió con olor a Falcón y le quitó un hilito a la cola del cometa. Él sigue silenciado en esas garras de raíces podridas que extienden laberintos al sol.
Diciembre. Las lucecitas de colores para olvidar que te extrañamos. Mi no me acuerdo cuándo creía en Papa Noel. Las ganas de volver a juntar pasto para los camellos. La piel que duele porque sé que no vas a abrazarme. Escucho los números que abultan la ausencia; un año y tantos meses sin. Pero para la esposa de un albañil, para unos hijos, ese tiempo debe haberse perdido en un paréntesis cargado de incógnitas y puños cerrados al viento. Habló y sobre él cayeron sábanas del no-se-dice. Abrió un minuto de silencio que amenazaba con sangrar oídos. Pero a tiempo llegó el relleno de elecciones, inseguridades, precios fatuos e inflaciones que no alimentan.
Diciembre y el rojo en las puertas. Las manos cargadas de bolsas. Las ganas de pensar en todos; de darles las gracias en forma de moños. Jugar a que una pestaña se refleja en una pelotita dorada. Los resúmenes que hacen ruido en la televisión. Cargados de números sin alma y reproches sin ganas de cambio. Mientras el ¡cómo pasa el tiempo! se desviste de calendarios en los cartones de la calle Florida.
Andru

3 comentarios:

Diego M dijo...

Algún día te voy a pedir que me enseñes a escribir con tanta poesía, con tanta denuncia, con tanto sentimiento.
Hermoso texto, y jodido, y doloroso, y pucha, que se me humedecieron los ojos.
Beso!

ALU dijo...

Vi luz y entr�
y v� varias emociones
muy lindo Andru

Beso grande

Crispín dijo...

Muy buen texto para una buena reflexión.