lunes 20 de agosto de 2007

sí, soy yo...

(H)onda al raz de silencios
yema rota en tiempo

yendo bajo sábanas
opacadas de sangriluz
sólo espamos susurrados
(en plumas que no)

isla que flota en nubes para
(un) soliloquio de dos


La caída en espumas
con sabor a piel dolida, dí

lo que no sabes
la noche extendida en guijarro
palpa latidos de un tal vez hoy

para ser la perenne y
(en tu carne)
juego escondido.
Andru - agosto 2007

miércoles 15 de agosto de 2007

Tinta china

(Agua espesa en tinta)

La línea abandona
el silencio latente:
suave descenso

(negra de la paleta)

que se vuelve burbuja,
se estira al ascenso
y se forma rulo

que (la pluma bebe)

sucumbe fileteado al
sin rumbo ondular
que sacia.

(y repite en el papel.)




Andru - Agosto

domingo 12 de agosto de 2007

Lugar de nadie

Mientras Atlas resiste el peso del mundo, una habitación sin muebles en un departamento sin gente late el vacío vedado. Un ambiente que seguro fue lugar de cama y lámpara se descubre con el último sol de la tarde. La pared opuesta a la ventana está empapelada con flores ya desteñidas y hojas borradas. La mano que golpea la superficie no puede responder más allá del sonido sordo que provoca.

Un tabique con papel cubre la pared a lo largo y ancho. Por la ventana se puede ver que el departamento termina ahí donde la mano golpea y recibe vacío. Hay un hueco presumido al otro lado que burla la razón. La fantasía sale al galope y de la oscuridad se descubren polvos blancos de narcotraficantes bigotudos. Tal vez, se esconde sólo una mancha enorme de humedad. También, un esqueleto sin carne ni nombre habla en el anónimo.

La frase sonó incorrecta; despojada de adjetivos poéticos y heroísmo civil. Con sus ojos de piel curtida, denunció la imagen detenida en rojo semáforo fuera del colectivo. -Pobre, debe tener frío.- Señaló en la calle a un viejo que habitaba en la intemperie de la facultad de medicina.

La oración planeó en el aire como pluma con tierra. Unos ojos en el asiento individual buscaron quien las juntase. ¿Quién recogería esas palabras?

El espacio que se presiente tras el tabique es un sin-sentido irreverente. No existen agujeros ni ranuras. Los ojos sólo ven un motivo de flores con hojas desdibujadas.

Mientras Atlas nos mantiene en pie, el hueco en una habitación despoblada se llenará de frases huérfanas dichas con llagas al sol. Será el día en que el empapelado se rinda por viejo y en un orificio del tabique se escuchen suspiros ignorados.
Andru

sábado 11 de agosto de 2007



toc, toc, toc
shhh__________

la semana cansada
se anuncia antes
de fin de.
Segantini - Le cattive madri

Resiste, lápiz la
lluvia de párpados
embrujados

agota en este blanco
la ansiedad

de metralla virtual

ya responderás
tu tinta propia.





Andru

viernes 3 de agosto de 2007

Llovía en otra parte



"La perfección ha de llegar cuando jugamos nuestros juegos".


(Ingmar Bergman )




Lo corrí con la sana convicción de que no lo alcanzaría. Esas cinco de la tarde del después del trabajo me pertenecían. Ni al reloj para fichar ni a la estampida hacia ningún sentido. Mucho menos a ése que en el andén nos apura-silbaba.
Pero la bocina del tren sonó con ese tamaño de dinosaurio en jaula de canario y me despisté. Se me cayeron las convicciones relojeras y terminé andén adentro.


Nos apuramos todos los empujados, gloriosos, en busca de un vagón. El más cercano o más vacío, según la capacidad torácica. Las distancias se profundizaban con cada vapor rumiado por la máquina gigante (eléctricos son los de estirpe). Como si, similar a las fichas del dominó, ese pedazo de mundo atrás nuestro fuera cayendo. O quizás el adelante se visitera de promesas diversas.
Llegué. Absurda; palpaba la victoria en el metal de la puerta. No quería tomar el tren; me di cuenta. Esas ganas ausentes del olor a hamburguesa y freno de los rieles; la transpiración muy ajena; la punzada de uñas negras en pies descalzos o los ojos sin hadas. Entonces, estaba la opción del cielo gris y la lluvia leve.
Lento, extremadamente, el tren arrancó y me subí. Asientos libres no había. Tampoco se puede seducir tanto a la suerte buena. Entonces, empezó la rutina de cargar el código incorporado de tanto viajar. Si quedarme parada cerca de la puerta antes de que el tren se llene. Chequear que la cartera esté al alcance de ninguna mano hábil. Qué hacer con el paraguas. Pero esencialmente, dónde posar la vista para lograr el punto de fuga a colores, olores, seres. Buscar ese rincón que evite problemas potenciales. Que al detener la vista en la bufanda de arco iris no parezca el deseo irritante por el asiento. Tampoco dejar colgada la mirada en ojos que no importan y volver en mí por un guiño incitado. Al blanco de alguna esquina fueron a parar mis ya-no-me-acuerdo pensamientos.
La puerta se abrió mientras el tren estaba en movimiento y el frío me punzó la espalda. Volví del blanco. La mirada me quedó hechizada en la ventana al cerrarse. El vidrio empañado de frío empezó a perder su no claridad. Entreví un verde de humedad eterna en laderas altas que ocultan voces. En el rectángulo que las cabezas me dejaban ver estaban los fantasmas de Alemanía. O sería esa fortaleza de tierra y arbustos carnosos que abre los caminos Calchaquíes. La lluvia caía finita, irisada, y barnizaba de oscuro el follaje del Valle. El andar ruidoso de la máquina se me perdió en un silencio que conoce de aves y vientos; que esconde resistencias sangradas y geológicas. Achiné los ojos para agudizar una imagen que se resistía a la corrección. El vidrio seguía empañado de un paisaje que sabía, el tren no estaba penetrando. La insistencia del cuadro me erizó hasta quebrar el presente y recordar la Garganta del Diablo en Salta. Esa huella de un antiguo paso líquido que duele de tanto desnudarse piedra. Esa sensación de buscar un límite a la profundidad y perder la razón sin encontrarlo. Para finalmente, callarme el silencio y dejar que ese baile prehistórico de placas, ríos ausentes y voces ocultas sigan su inmortalidad.
Estación Munro No recuerdo cuándo la ventana del micro en Salta volvió al tren. Tampoco si una lágrima me surcó la cara o ya estaba bajo la lluvia. Sólo tengo este sabor a flor de cardón en los labios. Puestas las zapatillas de verano salteño mientras estas palabras se escriben.
Andre - Agosto 2007