viernes 29 de febrero de 2008

Sordera

Sorderar las palabras para que abandonen estas cuerdas que buscan golpear tu pecho.

Poder escupirlas con la fuerza de un tornado; ráfagas de brazos míos. Envolverte para que me cubras.

Pero sorderados, mis “quiero vos” no deben llegarte; que te golpeen y te encuentre ojos.

Y me ayudes a quitarle la mudez a estas palabras que no me escuchan. Y palpean sin mí las vocales que te invoquen...como sirenas que ondulan en este, mi fluir que no evita volcarse.

A un vos que se escurre en las olas.

Y quiero gritar sorderamente no se qué pequeñez mía que te pertenece.

lunes 18 de febrero de 2008

Gris-azul

A las pequeñeces encontradas
Al fin azul: gastado y escaso de gloria; homogéneo.
Porque le tocó volar con estas alas. Las dos con un borde ancho, gris tenue. En los centros, dos círculos como ojos grandes de color océano ensombrecido.
No siempre había sufrido este contraste cromáticamente mortífero. Cuando rompió el capullo, su gris azulado combinaba sin titubeos con la hoja carnosa y verde noche.
Recompensa a su trabajo de oruga. Nunca había dudado de su fe pero estaba segura de que los dioses no eran sinónimo de adivinos. Y si quería un destino de mariposa que combinara con el entorno debía dejar migajas cromáticas para ser leídas desde los altos. Así, si al deslizarse había rozado una flor amarilla, el resto del día trataba de evitar hojas y ramas que desentonaran con ese color.
Pero ya mariposa, le costó encontrar las gamas perfectas después de la primera hoja verde. En el blanco del jazmín se sentía opaca. En las No me olvides parecía una más del montón.
Una puerta se abrió y en el blanco austero del interior (pared, piso, techo) divisó el color. Entró y se quedó regodeada en un azul apagado.
Y permaneció inmóvil en el respaldo de la silla, disfrutando del silencio de colores. Hasta que el resto de los asientos se habían ocupado y una espalda con brazos de yeso amenazaba con volverla parte del estampado.